Otoño

Cuentos y relatos

Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta para resguardarlas del frio otoñal. Joselyn pasó corriendo a su lado con el cabello rojizo ondeando a su espalda. Tomó asiento en el césped dejando el estuche de su violin a su lado. Vio como su hermana tomaba un montículo de hojas multicolores y las lanzaba al aire para que estas cayeran danzando sobre su cabeza mientras la chica reía y giraba como una niña pequeña.

Reprochando silenciosamente el comportamiento de la joven, negó varias veces con su cabeza y se acostó mirando hacia el cielo bañado por los sueves rayos del atardecer. Inspiró el frío aire y se dispuso a cerrar los párpados, pero, al sentir algo húmedo en su mejilla, decidió renunciar a su meditacion y abrió su vista al mundo.

Al girar su rostro se encontró con el perro de cabeza marrón y hocico alargado que pertenencia a su hermana. Se quedó mirando al can, quien tambien le devolvía la mirada con esos ojos oscuros en forma de esferas; pero sintió encoger su estómago cuando percató un atisbo de inisistencia en aquellos orbes. Apartó la mirada para  sentarse  y su  visión chocó con el lugar donde se suponía que estaba su hermana: se suponia, porque la adolescente no estaba.

Intentó localizarla, pero solo captó desconocidos a la redonda.

Sus piernas lo incorporaron como si fueran resortes, tomó el estuche de su violín y empezó a caminar, seguido por el perro.

—¿Dónde se metio?

Agudizaba su discapacitada vista en busca de alguna cabellera roja que se alzara entre los traseúntes.

A lo lejos pudo apreciar a una pareja de chicos sentados en una banca y se dirigió hacia ellos  con la esperanza de que alguno le diera pista sobre el camino de su hermana.

—Disculpen— Ambos jovenes abanadoron su conversacion para enfocarse en él.

—¿Han visto a una chica de pelo rojo hasta los hombros?

La pareja se miró mutuamente y  luego se volvieron hacia él.

—¿Llevaba una coleta y una gabardina? — preguntó el más bajo cuyo acento lo identificaba como extranjero.

Él asintió.

—Se fue por allá— respondio el de cabello claro señalando hacia los árboles que estaban tras ellos.

Habiendo agradecido a los chicos salió corriendo por el camino señalado, pero el aire, que carecía de calor, se le hizo muy pesado para sus pulmones y decidió caminar. Avanzó entre los árboles teñidos de otoño mientras buscaba con la mirada a su hermana hasta que distinguio a la dueña de la cabellera que contrastaba con la estación.

Sentada sobre la sabana de hojas caidas, bajo la proteccion de un árbol  e inclinada hacia su cuaderno de dibujo que se encontraba en sus rodillas, Joselyn no supo cuándo su hermano se dirigio hacia ella para luego acuclillarse a su altura.

—Oye— murmuró, pero no parecio escuchar.

Le dio una suaves palmadas sobre la coronilla y la chica respingó echando su cuerpo hacia atrás. Su expresion se marcaba entre azarada y confundida, pero al ver que era él suspiró relajando el cuerpo.

—Me asustaste— puso una mano en su pecho al tiempo que bajaba sus parpados.

—Y tú a mí

Se sentó. Las piernas ya se le empezaban a acalambrar en esa posicion.

—¿Por qué te metiste por aquí?

La chica se dedicó a observarlo por un momento y luego bajó la mirada.

—Quería dibujarlos— le tendió el celular aún con la mirada en el cuaderno.

Lo recibió preguntándose el por que repentino sonrojo de Joselyn; y lo descubrió cuando volvio la mirada a la pantalla: en la fotografía se encontraba retratada la pareja con la que había hablado con anterioridad. Ambos sonriéndose mutuamente, con los ojos entrecerrados y los rostros a centímetros de un beso en los labios. El fondo que los acompañaba era el degradé entre rojo, amarillo y naranja que ofrecían los árboles.

La vergüenza se le subió al rostro en forma de calor. De seguro había interrumpido una charla romántica cuando se les acerco para preguntar por su hermana.

—No deberias desaparecerte asi como asi para andar acosando a las parejas gays— y le entregó el celular.

—No los acosaba— hizo un puchero —Solo que… se veían muy lindos, no sé.

—Claro…—Sabía del extraño fetiche que tenía su hermana por las parejas gays. Emparejaba a cualquier chico con otro cualquier chico, asi que no se creia la excusa de que aquella fotogrfía había aparacido de mera casualidad.

—¡No me sale! —gruñó y arrojó el cuaderno y el lápiz a un lado para luego esconder su rostro entre sus rodillas.

Joseph miró un momento a su hermana, sintiendo pena e impotencia. Luego, compadecido por los útiles de dibujo, tomó el cuaderno y miró la hoja donde se suponía estaban los trazos del retrato.

—Ni siquiera lo has intentado—arguyó cuando vio la blancura del papel.

—No sé por donde empezar—y soltó un gruñido exasperado.

Suspiró y dejo el cuaderno en el césped. Sacó el violín de su estuche para luego ponerse de pie.

—¿Qué haces? —alzó la mirada saliendo de su escondite.

—Te inspiro—sostuvo la barbada  y apoyó el diapasón con el brazo izquierdo.

—¿Vas a tocar? — dijo la chica mientras sus pequeños ojos se ampliaron.

—Tómalo como un concierto personal—le sonrió de lado.

Inspiró y expiró cerrando los ojos. Luego, con su diestra hizo que el arco acariciara las cuerdas del instrumento, desprendiendo el inicio de la canción.

Joselyn se quedó atrapada en las notas con la mirada fija en las facciones de su hermano. Tomó el cuaderno y el lápiz sin desprender los ojos de la figura del muchacho, y luego se dispuso a retratar a la pareja, con el lapiz trazando al compás de la melodía.

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Otoño – Lucía Sarmiento

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