Opinión

¡Qué tristeza!

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Eso es lo que uno se limita a pensar cuando recapitula todos los horribles sucesos que han acontecido desde el inicio de este año. A uno solo le viene esta frase a la cabeza: qué tristeza. Porque ya se vuelve tedioso ahondar en el agobiante sentimiento de indignación.

Primero nos llega aquel atentado que arrebató la vida de unos veinte jóvenes, quienes tenían grandes talentos, sueños y familias que los adoraban. Luego nos vienen con la legalización de la caza a los caimanes aguja, después va el asesinato del cantante Legarda, muestra de la constante inseguridad de nuestro país. Más adelante somos golpeados por la noticia de que secaron el río Cauca, digo secaron, porque fue culpa de una empresa ambiciosa e irresponsable. Y no nos olvidemos de los asesinatos a los líderes sociales que, como raro en este país, la mayoría han quedado impunes.

Pero lo más decepcionante, lo que a uno le provoca más desgano es la indiferencia de la gente. A muchos colombianos se nos volvió rutina la violencia, la injusticia y la corrupción, tanto que nuestra conciencia se ha endurecido hasta tal punto que hemos perdido la capacidad de sentir rabia o decepción. Preferimos ignorar esta realidad, tal vez porque estamos cansados de sentir impotencia o depronto porque se han desvanecido las esperanzas de que este desastre se arregle.

Es necesario hacer algo, y sé que esta frase está demasiado repetida. No toda la responsabilidad recae en los gobernantes, nosotros como ciudadanos también debemos colaborar para reparar nuestra patria, independientemente de la ideología política que apoyemos, porque esto no se trata de ser un apasionado “petrista” o un creyente “uribista”, se trata de la gente de amamos, de las futuras generaciones, de los hermosos edenes de nuestra tierra, de la transcendental cultura de nuestros ancestros. Se trata de Colombia.

Y no hablo de idear un movimiento innovador que solucione de una vez todos los problemas, eso es imposible. Me refiero a realizar actos pequeños que lleguen a ser significativos, como arrojar la basura en las canecas evitando ensuciar los espacios públicos, cederle el asiento en el bus a una persona de edad avanzada o escuchar los noticieros y tratar de sensibilizarnos ante nuestro entorno. Pueden parecer acciones sin relevancia, pero que en realidad influyen bastante en la construcción de nuestra sociedad.